«Un recorrido apasionante por la novela histórica, romántica y de aventuras”
Escribir una novela no solo te permite recrear los lugares que has visitado, pero en otro tiempo y en otra piel, vivir otras vidas, sino además inventártelas, jugar con ellas, por eso conviene seguir siendo como un niño para dejar libre la imaginación que es el principal ingrediente de una novela.
La escritora y académica Ana María Matute decía que por las noches, imaginaba formidables aventuras hasta que caía dormida ––igual que yo––. Cuando esos pensamientos y fantasías bullen en la mente del escritor y luego los plasma en palabras empieza un proceso creativo maravilloso. Primero escribes para ti mismo; para el lector que llevas dentro y luego quieres compartirlo con los demás…
Las novelas evolucionan constantemente durante el largo periodo en el que se están gestando, mientras vives a medias entre tu existencia real y la imaginaria; entre tu cotidianeidad y la novela. Cuando la terminas necesitas empezar otra.
Lo peor para un novelista, lo que más miedo da, es copiarse a sí mismo, por lo tanto lo importante es que la imaginación esté siempre viva…
Aunque parezca que es más fácil escribir muchas novelas, sin embargo, cada libro es más difícil que el anterior, aunque vayamos aprendiendo las técnicas, lo fundamental es mantener esa chispa, que hace única cada historia y que es el producto de la imaginación creativa del escritor.
Irene McKinstry Oria
















